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Algete, debe su nombre al árabe, muy probablemente a la palabra Al Satt, que significaba orilla. Hay quien se inclina a que fuera debido a la orilla del camino jalonado de torres vigías que unía Alcalá y Torrelaguna, y no a la orilla del río o el arroyo.

Había cuatro ermitas en Algete, una en cada punto cardinal, junto a cada una de las entradas principales del pueblo: Humilladero al Oeste, San Roque al Este, Concepción al Norte y Valderrabé al Sur. Se cree que la del Humilladero debía su nombre a que allí se castigaba públicamente a los miserables que eran torturados y/o asesinados por las autoridades y sus cuerpos expuestos públicamente a la entrada del pueblo para dar ejemplo a los que entraban desde de Madrid. Y es que Algete llegó a ser una ciudad importante en la Edad Media al conseguir su autonomía judicial y criminal y para ello tenía que poseer ciertos instrumentos: horca, cadenas, cuchillo, picota y cepo.

Otra teoría menos creíble dice que el nombre de la ermita viene del Arroyo del Almuñadero, cuyo nombre árabe de difícil pronunciación se fue adaptando al actual Humilladero.

La que hoy conocemos como calle Mayor, donde se encuentra la fantástica promoción Residencial QDR Algete, se construyó más allá del año 1.700.  Anteriormente, la entrada al pueblo era por el Camino de Madrid, que por la calle Caldo y donde cruzaba con la de Alcalá, desembocaba en el mercado viejo.

Algete era un lugar con mucho más desnivel del que tenemos ahora. Donde se ubica el ambulatorio, había antes un barranco, y el arroyo Almuñadero tenía un más que aceptable sonoro caudal gracias a sus varios afluentes, entre ellos el de Virtudes. Algete contaba con varios lavaderos públicos. En el lavadero de la Fuentecilla, la ropa se tendía en el suelo, o sobre las matas de cambrón que daban muy buen olor. Hoy la Fuentecilla está abandonada y en pésimas condiciones.

Sobre ese lugar sabemos que, antes de llegar a Belvis, había un poblado judío llamado Villanueva del Burrillo. Dicen que allí los vecinos acumulaban mucha plata, y que desde entonces se oía este dicho: «Más vale Cobeña que no Alcalá y toda su tierra».

Siguiente por el Camino de las Fuentes -que en realidad es el cauce del Arroyo Almuñadero, y otros llaman el Arroyo de la Cerrada, aunque parece más creíble el primer nombre, que viene del vocablo árabe Al Munia, que significa lugar de huertas-, desde el Cerro Testigo, junto al Polideportivo, debían verse todas las huertas. Por cierto, que las tierras algeteñas siguen prácticamente igual que hace siglos. Aunque este cerro atestigua que en realidad estaban unos 100 metros más altas.

La Fuente del Cigarral es la más importante del camino. Tiene dos caños, aunque en su tiempo, cuando la población aumentó, le abrieron un tercer caño, cuyas aguas manaban limpias ya que provenían de una galería a más de 5 metros de profundidad.

Algete se comenzó a fortificar en el 720. Perteneció desde 1085 al Toledo conquistado por Alfonso VI. Fue pasando de mano en mano como territorio de reyes, nobles e iglesia. Alfonso VIII lo puso en manos de la marquesa Urraca Fernández hasta 1118. Por entonces Alcalá era todavía árabe. Pasó a manos de la mesa arzobispal de Toledo, luego Segovia, vuelta a Toledo, de nuevo a la Corona… Algete era esquilmado por los impuestos que imponía el diezmo eclesiástico, los que costeaban las guerras de la Corona y demás alcábalas. Sus últimos dueños fueron los Hurtado de Mendoza. Finalmente Algete se compró así mismo por 40.000 ducados y dejó de pagar buena parte de los impuestos que sus dueños le exigían.

En 1576, Algete contaba con 476 vecinos (en realidad eran las casas, así que esta cifra debería ser multiplicada por 3 o 4). Alcobendas solo tenía 200, y Coslada apenas 30. Talamanca era la capital de la zona entonces y contaba con 367.
De nuestros vecinos cercanos, hemos aprendido que San Sebastián de los Reyes se constituyó en 1492, cuando se independizó de Alcobendas y de su malévolo Señor, el terrorífico Conde de Puñorostro, que tenía atemorizada y explotada a la población. Una representación vecinal fue al encuentro de los Reyes Católicos que pasaban cerca de Algete y le rogaron que les librara del yugo de ese tirano. Y finalmente lo lograron.

En Algete hay varios puentes que hoy ya no perduran. Uno de ellos fue el del Arrabal, sobre el Arroyo Almuñadero a la altura del cruce de la C/ Alcalá con la Ronda de la Constitución. El Arrabal era la zona donde habitaban los árabes y judíos en Algete. Hoy en día son los barrios de Virtudes, Montesoro y Cigarral. Los cristianos se reservaron la zona más noble del Castillo, al otro lado del arroyo. Y no es que Algete tuviera un Castillo, pero así se llamaba la zona aledaña a las torres vigías ubicadas en el cerro de la Concepción y sus cercanías, donde estaría la casa principal del jefe de regimiento de turno.

En el camino de las Virtudes, también sobre el arroyo de su mismo nombre, se encuentra su fuente homónima. Se cree que algún vecino debió conocer sus propiedades curativas, pero no por el agua, sino porque masticaría las hojas de sauce junto a la fuente, que contienen ácido acetilsalicílico (aspirina).

Bajo el Cerro Aragón, bordeado por el arroyo Virtudes y el de Almuñadero, se pueden ver todavía entradas a las cuevas. El cerro está todalmente minado. Hay una ciudad subterránea bajo el Algete más grande que el propio pueblo datada en la época árabe.

Paseando por el camino de Covicha hemos sabido que este nombre es en realidad una derivación del vocablo «cueva». Allí encontramos la fuente del Burro. Hace años, cuando no había tantos médicos ni veterinarios como hoy, dicen que un burro enfermó y los dueños lo abandonaron a su suerte. El burro debió beber en esta fuente y regresó a su corral sano y contento. Desde entonces el nombre de la fuente le recuerda.

Más alejada estaba la fuente del Noque, prácticamente en un barranco sus aguas sabían a raíces. Ya no existe, pero allí había un gran agujero donde curtían las pieles los vecinos. Y había que tener cuidado, pues muy cerca había una zona con ¡arenas movedizas!

En términos puramente históricos, según su web municipal:

Los primeros asentamientos humanos en el Término Municipal se retrotraen a la Edad de Hierro, al haberse constatado la existencia de restos de la cultura campaniforme, posiblemente asentadas en las terrazas de la vega del Jarama. También se han localizado restos de villas romanas, lo mismos que vestigios de algún asentamiento visigodo.

Hasta el siglo VIII no se tienen referencias documentales. El primer testimonio escrito data de 720, año en que el caudillo Tariq ibn Ziyad, de camino hacia el norte, deja una compañía en un cerro vigilando el camino y el río. Esta compañía pasó a ser conocida como al-satt, y parece que estuvo circunscrita al Reino de Toledo.

A partir de 1081 Alfonso VI inicia la conquista de la cuenca del Jarama, expulsando a gran parte de la población musulmana e iniciando la repoblación con gentes del norte cristiano.

Configurada desde entonces como zona fronteriza y de paso entre regiones , en el siglo XV baja la intensidad circulatoria, por lo que los judíos viendo peligrar sus actividades comerciales van marchándose hacia otros lugares, quedando en el enclave de Algete catorce familias.

El gran cambio llega con el siglo XVI cuando el Término alcanza la categoría de Villa. A mediados de siglo se reconstruye la iglesia, posiblemente sobre otra anterior de origen románico. En 1579 Gregorio XIII desafecta Algete del Arzobispado de Toledo y lo trasfiere a la Corona. Así, Felipe II lo vende por veinte mil ducados a García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete y Virrey del Perú.

En el siglo XVIII Algete experimenta otro cambio con la llegada de las casas señoriales. Varios documentos de esta época testimonian varias visitas del rey Carlos III a la “Villa de Argete”.

En 1728 Felipe V erige el Ducado de Algete con Grandeza de España a favor de Cristóbal de Moscoso y Montemayor. Los datos catastrales de esta época hablan de una población de “290 vecinos que viven en 282 casas”, aumentando el número de habitantes a 1.263 en tan solo unos años.

Ya en el siglo XIX, Alfonso XII visita el municipio en 1883, y en 1891 se construyen las primeras escuelas municipales.

En el siglo XX, iniciada la Guerra Civil, la iglesia es saqueada y usada como centro de intendencia de las milicias republicanas, instalándose en el Soto del Duque un pequeño campo de aviación. Acabada la guerra, las tropas nacionales tomaron el pueblo. El nuevo régimen cambió el nombre a las calles; fueron años de sometimiento, restauración y hambre, y muchos vecinos se trasladaron a vivir a Madrid y a otros municipios vecinos.

En la década de los sesenta llega poco a poco el desarrollismo al municipio: nacen las primeras zonas industriales, se canaliza el agua, se ensanchan carreteras, se reforma el alumbrado público. En los setenta se construyen el Ayuntamiento; en la década de los ochenta se levanta la plaza de toros y se desarrolla el Polideportivo en unos terrenos cedidos por el Duque de Alburquerque, y en los noventa se construye el nuevo Centro de Salud y algunos centros educativos.

Es con la entrada del nuevo siglo cuando se produce la auténtica transformación del municipio. Las inversiones en equipamientos, infraestructuras y servicios puestos a disposición del ciudadano han hecho que Algete sea hoy una pequeña ciudad que afronta los retos del siglo XXI

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